jueves, 17 de octubre de 2013

CRÓNICA. LA RUTA DE....

La ruta de... Benildo vive hoy en Floridablanca,trabaja como jardinero pero sin tarjeta de presentación, es decir “cuando salga el camellito” aunque según él mismo menciona, “debiera estar en otro lugar...” en su tierra, en el campo; fue desplazado hace más de 6 años por los paramilitares, en el magdalena medio, hecho que recuerda sin lágrimas en los ojos, pues asegura que todo lo que sufrió fue por “hacer lo que debía”, ¿qué debía hacer Benildo? Le pregunté yo inocente, él me contesta: “defender lo mio, mi tierra y mi familia que es lo único que naturalmente me amarra a este mundo”, así como él más de 40 familias campesinas fueron sacadas del pueblo, todos cultivadores de papa, plátano, maíz , mora, entre otros. Pero, Benildo ¿cómo les iba con el cultivo? Le pregunté inquieta por entrar en materia, “pues el cultivo no era para comercializarlo, eso es imposible en esa zona, no hay vías casi ni pa' salir de allá, menos para trasportar alimentos, ni maquinaria, ni nada, lo que cultivábamos era para el consumo del pueblo, somos especialistas en hacer todo con la mora: jugo, dulces, mermelada, yoguth y por supuesto vino. Y pues el resto de alimentos también los cultivábamos pero de a poquito, nadie tenía más de 5 vacas”. Después me enteré por boca de la esposa de Benildo, Doña Aurora, una menuda y gentil mujer, que Benildo y ella habían dejado de cultivar desde antes de ser desplazados, pues por organizarse e intentar organizar a sus vecinos en una asociación campesina, los paracos les quemaron la tierra, “quedó inservible” decía la mujer, y lo peor fue después que encerraron a Benildo en la cárcel de Bogotá y después de un año como no tenían pruebas de nada, lo soltaron. Desde ese momento el tema del cultivo pasó a un segundo plano, pensé que el título de esta crónica debía mantenerse “la ruta de...” pero no refiriéndose al recorrido de un producto sino al una persona y quizá al de una clase social, porque la realidad colombiana en la mayor parte de los casos muestra que los productos del campo no pueden salir al mercado, no existe soberanía alimentaria, por ello es complicado encontrar fácilmente hoy, a un campesino que esté seguro de que el arroz o la papa que cultiva traspasa las fronteras de su pueblo. Mientras intentar sobrevivir a las complicaciones y dificultades citadinas, guardan la esperanza de volver, incluso han vuelto al lugar, por el programa de restitución de tierra, pero Benildo no es muy optimista con el gobierno,nunca lo ha sido, y dice “no nos devolver nada, solo nos llevaron allá pa' ilusionarnos” han pasado ya dos años desde aquella visita.

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