jueves, 17 de octubre de 2013
CRÓNICA VENDEDORA
Comencé a buscarla en el centro de la ciudad, sabía exactamente cuál era su cuadra de trabajo, pues siempre al pasar por allí y preguntarle por su familia, compro media docena de “arrancamuelas”, pero hoy no estaba, sin embargo no me preocupé porque como justo era viernes, iría a su barrio en la noche.
más tarde, cerca de las 7.00 p.m., allá la encontré, antes de entrar a saludarla vi en la ventana un letrero con letras estilo “tomy” que decía “ frapé $1.000 y 2.000”, entonces de una vez le comenté a mi compañero “la capacidad de rebusque es innegable”, ella con su cabello lleno de tintura roja, lo primero que me dijo fue: “ ahora vendo frapé” seguidamente frente a mi absurda pregunta de... ¿ y eso? Ella contestó: es que ya solo lo de los dulces no da, todo por ese puerco alcalde, ahora no saco ni lo del diario en el centro..... por eso vendo frapé acá en la casa viernes y sábado, los domingos si voy a la loma, por los partidos de futbol y eso”; entonces queriendo conocer más a cerca de su situación le propuse que me contara sus inconvenientes laborales, sin revelar que la corta entrevista, a su vez tenía fines académicos.
Así fue como durante la preparación de unos 7 frappés, ella me contó que lo único bonito de todo este mal que desde hace algún tiempo ve más oscuro, por la implementación de medidas de despeje a los vendedores informales de Bucaramanga, ha sido encontrarse “peliando” de la mano de su hijo, quien es el líder de los mototaxistas en el norte de la ciudad y además un gran amigo mio, decía con voz suave “ese me decía que no tuviera miedo que la causa era justa, que eran ellos mija, los del poder quienes deberían meternos a nosotros porque somos más, pero yo no entendía”, hasta que un día lo acompañé a una marcha de vendedores informales y terminé siendo protagonista en el q'hubo, salí en primera página, desde ahí me empezó a gustar la cosa”. Yo que no sabía que más decirle concluí por preguntar “oiga vecina ¿ y no sería bueno vender fruchetas?
CRÓNICA DEL CENTRO COMERCIAL.
Yo, él.
Yo había afirmado un poco cansada que quería dirigirme a casa, entonces decididamente y con cierto aburrimiento extendí mi mano para tomar un taxi, pero una vez apareció el móvil amarillo libre, él quiso acompañarme en mi camino, todo iba normal - palabra que no define muy bien nuestra relación llena de saltos, dudas y sonrisas; pero considerando que ya era extraño que decidiera acompañarme a casa, resultó aún más raro cuando me propuso que nos tomáramos una cerveza, decidí aceptar con un poco de resignación y así fue como de repente ambos decidimos bajarnos del auto y cruzar la calle hasta llegar al viejo centro comercial, ubicado en el centro de la ciudad, donde quizá por suerte alguna licorera estuviera abierta, pero no fue así, sería muy estúpido abrir una licorera en un centro comercial donde solo venden ropa para novias o quinceañeras y donde hace más de dos años fracasó el único supermercado en su interior, dejando con su pérdida un espacio solitario y gris.. como el asfalto.
Sin embargo al terminar de dar la vuelta al lugar, desilusionados porque el cambio de planes no había dado un buen resultado, escuchamos un sonido lejano y triste, yo me alegré cuando dando unos pasos más, reconocí entre las notas del bandoneón la voz de Larroca, y me apresuré a la fuente de sonido, él quieto a unos seis metros lejos de mi, aún no comprendía qué pasaba, su oído no había distinguido nada especial pero como aquel día no quería peleas, se aproximó a mi encuentro, yo con una sonrisa radiante lo abrasé en agradecimiento por conducirme a ese lugar, que aunque nunca había escuchado nombrar, parecía agradarle por completo, el tango, los boleros y la salsa clásica eran sin duda mis favoritos; entonces la noche comenzaba a mejorar, mientras yo me divertía recordando mis no tan viejos encuentros de baile, él continuaba fingiendo que todo eso lo había planeado.
Al sabor de unas cervezas artesanales que yo pedí, él creyó que era el momento justo para revelar algunas cosas, aprovechando la alegría y bajo la excusa cumplir con su promesa de no decir más mentiras, comenzó a hablar, empezó por decir que su preocupación no tenía nada que ver con ambos, y que se debía más a la situación económica que estaba pasando, yo me tranquilicé, pues en un primer momento pensé que se trataba de una infidelidad más y esta vez estaba dispuesta a no continuar; alcancé a fumar tres cigarrillos antes que él le dijera que le habían propuesto un trabajo que no era precisamente algo que la sociedad considerara bueno, pero que sin embargo dejaba buen dinero, y que por tanto si lo aceptaba en pocos meses podría dejar de ser un peso más para su madre.
Esperó unos minutos antes de decir que era mejor cambiar de tema, yo menos sorprendida y curiosa de lo que podría esperarse, me quedé pensando un buen tiempo, analizaba qué podría ser y la única conexión que pude establecer gracias a la canción Sangre Maleva, fue su interés por las armas, lo cual me llenó de temor; el mesero del bar trajo más cerveza y yo seguía pensando, las cosas no podían ser del todo mal, pero la preocupación sería constante.
La pareja del lado se besaba apasionadamente y el centro comercial desde las ventanas del bar se veía más oscuro y solitario, mientras nosotros sin hablar decíamos mucho; entonces quise olvidar, para seguir con el tango y sin pensar cómo podría sentirme luego afirmé que no deseaba saber más.
Asintiendo con su cabeza él no se sorprendió y por el contrario propuso cambiar de tema, para no desaprovechar la noche, pero yo finalmente pensé que el amor está sujeto a muchas cosas, no solo al sentir y que este amor maltratado, avisaba su fin con las palabras que escuchaba. Agradecí nuevamente no sé a quién o a qué haber estado en aquel centro comercial, porque allí aclaré mis deseos de retorno pero también mis deseos de cambio.
CRÓNICA: CULPEMOS AL AMOR
Culpemos al amor.
Mariana y Saúl son dos grandes amigos, en realidad Mariana es amiga desde hace mucho tiempo atrás, pues a Saúl lo conocí desde que comenzó a salir con ella, pero me cae muy bien y hacemos muchas cosas juntos, aunque últimamente he tenido que prestarle mi hombro a Mariana, porque Saúl ha decidido mirar en derredor y ella -Marianita- ya no es su única atracción, en realidad no estoy segura si ha sido la única alguna vez, yo apostaría que no. Pero ella se empeña en intentar cambiar las cosas y en el intento ha llegado a puntos extremos.
Todo comenzó cuando Mariana le pidió prestado el computador a Saúl para hacer un trabajo, él con ganas de ayudarle le dijo que mejor lo usara el resto de la noche y se lo regresara al siguiente día, ella aceptó y una vez Saúl se marchó, prosiguió con su trabajo, eran casi las 12 de la noche cuando sonó mi celular, “ha de ser grave, pensé, Mariana nunca llama tan tarde” y contesté, entre sollozos no lograba entender lo que su voz narraba, era una verdadera tristeza escucharla, ella tan sonriente y tierna estaba destrozada, al fin comprendí el motivo, había visto en el computador de él, conversaciones con varias mujeres, que más bien parecían relaciones sexuales virtuales, ella sin saber qué hacer, solo lo llamó, lo insultó rápidamente y colgó, según me dijo, pero mientras hablábamos, él llegó a su casa y por la ventana le gritaba “Mariana, ábreme, no sé qué pasa”, le dije que no lo hiciera, pues estaba muy exaltada, ella intentó dormir y terminar su trabajo lo cual no fue posible, pero tuvo un poco de fuerza, pues no le abrió.
Mariana se alejó de él por más de 15 días, dejó su computador conmigo y yo se lo entregué, consciente de que él intentaría darme la otra versión de las cosas, y así fue, no era exactamente otra versión pues no podía negar nada de lo que ella había visto, solamente justificó el por qué: “ Desde muy pequeño se me ha facilitado establecer relaciones por internet, mis primeras novias las encontré allí, y nunca he sido capaz de dejar eso a un lado, pero no quiero que Mariana se aleje de mi”; yo no comprendí nada, en parte por mi propia experiencia con los hombres y en parte porque me parecía una excusa rebuscada, pero quizá Mariana no pensó igual y decidió después de varias conversaciones, seguir con él.
Hoy casi 4 meses después de que Saúl le insistiera con lágrimas y caricias a Mariana que volviera a su lado, la encuentro sola en la cafetería llorando silenciosa tras un libro, ahora Saúl asegura no quererla más y le explica que se debe alejar de él, pues pretende estar con más mujeres, así sin más. Yo por mi parte no sé que decirle, nunca creí que de allí saliera algo bueno, aunque siempre parecían tan felices, le pregunto qué piensa hacer y responde: “insistir, quizá más adelante se enamore de mi”, quisiera no haberla mirado con pesar, pero supongo que lo notó, ella siguió “siempre he ido contra la corriente, y ese es el motivo para que esté aquí también... creo que me enamoré de él y no soporto la idea de cocinar, estudiar, dormir, reír y todo lejos de él, tú dirás que es cuestión de tiempo.... que nadie muere de amor, pero a mi me duele desde la cabeza por los golpes de ayer hasta respirar”, enseguida le pregunté por esos golpes, y me contestó que ella misma se había pegado contra la pared mientras discutía con Saúl, pensé que eso ya era exagerado y le recomendé un psicólogo, Mariana no paraba de llorar “si tuviera fuerza...” se reprocha.
Mariana me habló por internet en la noche, se ha vuelto a ver con Saúl, quedaron en seguir juntos hasta que él esté con otra persona; este acuerdo me pareció muy cruel, pues solo prolongará más su dolor, pero ella dice “es que eso puede cambiar” mientras él le contesta “mejor no te ilusones”. Culpemos al amor.
CRÓNICA. LA RUTA DE....
La ruta de...
Benildo vive hoy en Floridablanca,trabaja como jardinero pero sin tarjeta de presentación, es decir “cuando salga el camellito” aunque según él mismo menciona, “debiera estar en otro lugar...” en su tierra, en el campo; fue desplazado hace más de 6 años por los paramilitares, en el magdalena medio, hecho que recuerda sin lágrimas en los ojos, pues asegura que todo lo que sufrió fue por “hacer lo que debía”, ¿qué debía hacer Benildo? Le pregunté yo inocente, él me contesta: “defender lo mio, mi tierra y mi familia que es lo único que naturalmente me amarra a este mundo”, así como él más de 40 familias campesinas fueron sacadas del pueblo, todos cultivadores de papa, plátano, maíz , mora, entre otros.
Pero, Benildo ¿cómo les iba con el cultivo? Le pregunté inquieta por entrar en materia, “pues el cultivo no era para comercializarlo, eso es imposible en esa zona, no hay vías casi ni pa' salir de allá, menos para trasportar alimentos, ni maquinaria, ni nada, lo que cultivábamos era para el consumo del pueblo, somos especialistas en hacer todo con la mora: jugo, dulces, mermelada, yoguth y por supuesto vino. Y pues el resto de alimentos también los cultivábamos pero de a poquito, nadie tenía más de 5 vacas”. Después me enteré por boca de la esposa de Benildo, Doña Aurora, una menuda y gentil mujer, que Benildo y ella habían dejado de cultivar desde antes de ser desplazados, pues por organizarse e intentar organizar a sus vecinos en una asociación campesina, los paracos les quemaron la tierra, “quedó inservible” decía la mujer, y lo peor fue después que encerraron a Benildo en la cárcel de Bogotá y después de un año como no tenían pruebas de nada, lo soltaron.
Desde ese momento el tema del cultivo pasó a un segundo plano, pensé que el título de esta crónica debía mantenerse “la ruta de...” pero no refiriéndose al recorrido de un producto sino al una persona y quizá al de una clase social, porque la realidad colombiana en la mayor parte de los casos muestra que los productos del campo no pueden salir al mercado, no existe soberanía alimentaria, por ello es complicado encontrar fácilmente hoy, a un campesino que esté seguro de que el arroz o la papa que cultiva traspasa las fronteras de su pueblo.
Mientras intentar sobrevivir a las complicaciones y dificultades citadinas, guardan la esperanza de volver, incluso han vuelto al lugar, por el programa de restitución de tierra, pero Benildo no es muy optimista con el gobierno,nunca lo ha sido, y dice “no nos devolver nada, solo nos llevaron allá pa' ilusionarnos” han pasado ya dos años desde aquella visita.
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