jueves, 17 de octubre de 2013
CRÓNICA DEL CENTRO COMERCIAL.
Yo, él.
Yo había afirmado un poco cansada que quería dirigirme a casa, entonces decididamente y con cierto aburrimiento extendí mi mano para tomar un taxi, pero una vez apareció el móvil amarillo libre, él quiso acompañarme en mi camino, todo iba normal - palabra que no define muy bien nuestra relación llena de saltos, dudas y sonrisas; pero considerando que ya era extraño que decidiera acompañarme a casa, resultó aún más raro cuando me propuso que nos tomáramos una cerveza, decidí aceptar con un poco de resignación y así fue como de repente ambos decidimos bajarnos del auto y cruzar la calle hasta llegar al viejo centro comercial, ubicado en el centro de la ciudad, donde quizá por suerte alguna licorera estuviera abierta, pero no fue así, sería muy estúpido abrir una licorera en un centro comercial donde solo venden ropa para novias o quinceañeras y donde hace más de dos años fracasó el único supermercado en su interior, dejando con su pérdida un espacio solitario y gris.. como el asfalto.
Sin embargo al terminar de dar la vuelta al lugar, desilusionados porque el cambio de planes no había dado un buen resultado, escuchamos un sonido lejano y triste, yo me alegré cuando dando unos pasos más, reconocí entre las notas del bandoneón la voz de Larroca, y me apresuré a la fuente de sonido, él quieto a unos seis metros lejos de mi, aún no comprendía qué pasaba, su oído no había distinguido nada especial pero como aquel día no quería peleas, se aproximó a mi encuentro, yo con una sonrisa radiante lo abrasé en agradecimiento por conducirme a ese lugar, que aunque nunca había escuchado nombrar, parecía agradarle por completo, el tango, los boleros y la salsa clásica eran sin duda mis favoritos; entonces la noche comenzaba a mejorar, mientras yo me divertía recordando mis no tan viejos encuentros de baile, él continuaba fingiendo que todo eso lo había planeado.
Al sabor de unas cervezas artesanales que yo pedí, él creyó que era el momento justo para revelar algunas cosas, aprovechando la alegría y bajo la excusa cumplir con su promesa de no decir más mentiras, comenzó a hablar, empezó por decir que su preocupación no tenía nada que ver con ambos, y que se debía más a la situación económica que estaba pasando, yo me tranquilicé, pues en un primer momento pensé que se trataba de una infidelidad más y esta vez estaba dispuesta a no continuar; alcancé a fumar tres cigarrillos antes que él le dijera que le habían propuesto un trabajo que no era precisamente algo que la sociedad considerara bueno, pero que sin embargo dejaba buen dinero, y que por tanto si lo aceptaba en pocos meses podría dejar de ser un peso más para su madre.
Esperó unos minutos antes de decir que era mejor cambiar de tema, yo menos sorprendida y curiosa de lo que podría esperarse, me quedé pensando un buen tiempo, analizaba qué podría ser y la única conexión que pude establecer gracias a la canción Sangre Maleva, fue su interés por las armas, lo cual me llenó de temor; el mesero del bar trajo más cerveza y yo seguía pensando, las cosas no podían ser del todo mal, pero la preocupación sería constante.
La pareja del lado se besaba apasionadamente y el centro comercial desde las ventanas del bar se veía más oscuro y solitario, mientras nosotros sin hablar decíamos mucho; entonces quise olvidar, para seguir con el tango y sin pensar cómo podría sentirme luego afirmé que no deseaba saber más.
Asintiendo con su cabeza él no se sorprendió y por el contrario propuso cambiar de tema, para no desaprovechar la noche, pero yo finalmente pensé que el amor está sujeto a muchas cosas, no solo al sentir y que este amor maltratado, avisaba su fin con las palabras que escuchaba. Agradecí nuevamente no sé a quién o a qué haber estado en aquel centro comercial, porque allí aclaré mis deseos de retorno pero también mis deseos de cambio.
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